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Ocho razones para viajar a Santo Domingo más allá del hotel todo incluido

Playas y alojamientos convierten a la República Dominicana en un destino perfecto para el descanso, pero sus encantos se despliegan también por una capital que merece ser explorada.


Santo Domingo, la capital de República Dominicana, no es mera puerta de entrada al país caribeño. Es su quintaesencia y un motivo de peso para abandonar la tumbona del hotel. Pionera en América (es la primera ciudad, tiene el primer fortín, la primera catedral, primera universidad, primer hospital…), el colorido y la vitalidad de la ciudad son un flechazo que atrapan a quien se aventura en su exploración. Estos son ocho motivos por los que merece la pena hacerlo.


1. La plaza de España

La plaza de España o de la Hispanidad es, para entendernos, la plaza Mayor. El ombligo histórico de Santo Domingo pero también turístico. Terrazas y restaurantes tentadores —servidos con derroche de simpatía— escoltan al edificio más icónico, el Alcázar de Colón (Diego Colón, el hijo). Reconstruido con mimo y amueblado con piezas valiosas que transmiten la atmósfera virreinal y narran el pasado a turistas y a raudales de escolares que parecen inagotables.


La calle de Las Damas fue la primera calle del que se conoció como el Nuevo Mundo. Lleva desde las Casas Reales, junto a plaza de España, hasta el fuerte del antiguo puerto. Parece que los años no pasan por ella: los mismos aires, los mismos nobles edificios, ahora convertidos en hoteles boutique o tiendas exquisitas. Las Casas Reales son un complejo museístico, laberíntico, que puede llevarse la mañana. Poco más allá está el Panteón de la Patria, en la antigua iglesia de los jesuitas, con sus jardines. En la misma acera, la Kahkow Experience ilustra la aventura del cacao e invita a confeccionar creaciones propias.


Al final (o principio) de la calle de las Damas, el fuerte Ozama vigila la confluencia del río del mismo nombre con el mar Caribe. Fue el primer fortín de piedra, construido para defender el antiguo puerto y la ciudad. Esta se cierne desde lo alto de su atalaya como un damero colonial de manual, cuadriculado en torno a la catedral. Saber más.


Fuente: El País


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